Algunas veces vivo y otras veces la vida se me va con lo que escribo;
algunas veces busco un adjetivo inspirado y posesivo que te arañe el corazón;
luego arrojo mi mensaje, se lo lleva de equipaje una botella al mar de tu incomprensión.
No quiero hacerte chantaje, sólo quiero regalarte una canción.
Y algunas veces suelo recostar mi cabeza en el hombro de la luna y le hablo de esa amante inoportuna que se llama soledad.
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